Jugar con arena estimula la curiosidad y la creatividad del niño, le anima a hacer cosas por sí solo, desarrollando las
habilidades motoras de brazos y manos (psicomotricidad fina).
Todo lo que aprende en el arenero es por descubrimiento, a través de su propia acción.
Se convierte en un laboratorio de investigación y
experimentación de texturas, consistencias, de conceptos "cientificos" como lleno y vacío,
meter y sacar, mucho y poco, dentro y fuera, el peso...
